lunes, mayo 02, 2005

Abrir las camas

Reconozco la mancha de tu nombre / sábana / sobre el
circulo roto del destino nos erigimos / monstruos /
montañas impertérritas a la fe / abramos las camas
para recuperar conciencias / la oración encerrada en
la lágrima de la almohada / ciclo / ciclo / rodamos
sucesivos en la cuesta ficticia / en la acostada de ojos cocidos /
y leemos / siempre la palabra inventada en saliva / nombres,
verbos que ya no son sino imágenes fijas / abrámoslas /
quebremos la puerta que impide el descenso / la mancha árida
que no nos deja dormir / a la sombra / en la derramada
oscuridad de historias perdidas / abrir la cama
para encontrarte quieta / en otros brazos.

domingo, abril 24, 2005

Secuenciales 7

He pensado hacer una toma nocturna / vela en el centro
de la luna / se iluminará con reflejos de tu pasado /
dejaste aquí el instante, envuelto en dolor celofán / una
imagen, otra, nalgas que se prestan a las manos / ¿dónde
estas ahora? / el reloj cierra un camino / ¿acaso volviste
para caminar con tu polvo? / la sombra se muerde el
cuerpo / formaremos cruces como metáforas,
onomatopeyas visuales / daré sentido a la forma de
noche, a la toma del recuerdo / ¡vuelve! / caminos y
caminantes nunca se encuentran.

Secuenciales 6 (norteamericana 1)

Chilla tu voz en las luces multicolores / opaca el
silencio, que nunca estemos solos / vuelve en tus pasos a
la ciudad afable / de piernas largas las horas, las calles
sin ojos duermen / corre de los labios del edificio /
escapar de la ciudad PROHIBIDO / ruge entre ruedas,
trevaling constante / piernas, velocidad, senos /
DETENTE-te-te / la realidad siempre es un carro que
explota / un beso entre fuegos fatuos.

Secuenciales 5

Esto requiere sangre, al menos pintemos de rojo el cielo
/ estrella esa cara contra el coral / quiero poros, muchos /
sentir la respiración de la piedra / exhalar pus por cada
miembro / eréctalo / escupe retorciéndote como ganso /
saliva pegajosa eructada / llenemos los gargajos de
caminos cicatrizados / de cerca en la laguna falseamos el
espejo / inventemos sombras que no se desaten /
atalonadas / ¡fija la luz¡ no juegues al rebote / se apaga y
alguien vomita / somos nosotros tu dolor / ¡mátalo!, trae
al doble / somos nosotros tu silencio.

Secuenciales 4

Blanco y negro, el arte y el amor siempre en escala de
grises / toma directa, centrada / ubica sus labios, no ves
que perdemos el deseo / ¡ciérrala, ciérrala! / el sueño se
escapa en ruedas de montaña rusa / nos quebramos,
fragmentados en la acera / vidrios no es metáfora /
acércate más, damm it! / vidrios, vidrios / espejos
dormidos sin ojos / los tuyos tal vez / tenemos que
universalizar la toma / que sean los de todos, los de
todas / ¡corte! Se imprime.

Secuenciales 3

No quiero un dogmático aquí / ya hasta normativizamos
el lenguaje, blood / entendemos nuestros rostros
verticales, no mires / cállate idiota, baja a connotaciones
inversas y busca la imagen / la adecuada para el tiempo
moroso / llega lento / ¿y tus manos, donde las perdiste? /
bajo aquel árbol, lo supuse / maldita naturaleza
depredadora / deseos de tragarse el principio / todo
tiende a una putrefacción de conciencias / ¿volvemos? /
yo no soy un pinche círculo / dile a tu jefa que se
regenere / retorno / la imagen retorna / yo sólo quiero
crear algo en el caos.

sábado, abril 23, 2005

Secuenciales 2

Guardaron los dedos bajo la alfombra / tiene que ser
de noche, una noche real / aparecen ventanas en las
ventanas / y un cuerpo que se imagina / entre las
sombras / suelten sombras / ¡más¡ / quiero un traveling
por toda la cochera / un viaje alrededor del sueño / de la
alcoba que duerme al final del pasillo / si, inventen ese
pasillo / una mentira tras pantallas / la mujer sale, no,
más lento / sale / viento blanco, muslos blancos /
recúbrete bajo la alfombra / escóndete de tus miradas,
querida / no vayas a ser acaso la esperada muerta.

Secuenciales 1

Que se vean nucas, nalgas en vestidos imposibles/ una
mesa infinita en su forma/ llena de polvo / basura / carne
negra de los ciempiés / los falos que se arrastran / y
luego llegas / posas la mano sobre algún posible hombro /
gritas tu sexualidad / quiebras un vaso / un triángulo de
vellos se acerca / close up a la ánfora de vino / verde / la
fiesta se agrieta, se vuelve árida / quizás cambie el color
/ marrón / se verán unos labios, desconocidos /
descocidos / se acerca a la bestia / húmeda la imagen se
desvanece / hasta volverse diente transparente / espejo /
reflejo de nucas y nalgas en posibles vestidos / en
posibles manos.

lunes, marzo 07, 2005

Los evangelios de la esquina

I

En este momento en que las horas se guardan
en que el desterrado se entierra en su tierra
y yo no soy mas que el polvo en mis ojos
acuchillando el segundo de la vista;
espero por ti en esta esquina.
En este momento en que el cerro se difumina
y no existen mas que edificios de cartón
en tu horizonte, llega tu milagro,
de escapularios y peses multiplicados,
de panes y palabras que se hacen gemidos,
es cuando llegas, portentosa, al la esquina
con tus labios de fiesta y las manos de orgía.

II

Entre eros y thanatos una entrepierna
lenta se marchita
bellos mudos al humor de la rosa
y el silencio marinado en vinagre
ahogado de nocturnas ciudades.
Cae al piso como promesa
libro grueso de consejos
donde se esconde la antigua
enfermera, pornográfica, del amor
y damos vuelta a la página
o cerramos las piernas pudientes
para escondernos a oscuras,
evangelizar deseando,
y cortar el lienzo que nos une
a thanatos.

III

Ver
el caudal de sombras que dejas a tu paso
el abismo de tu cuerpo lleno de sol
el plexo negado por el musgo de tu piel
las caricias vueltas teas en mi mano
Ver TI GO
lento recorro tu piel y me marcho escamado.
Verte sumergida en el cloro de la palabra
tu cara llena de hollín de cielo seco
para que tus pasos apunten al abismo
al deseo eterno del marchar lejos,
vete, vete lento y que tu sombra sangre tu cuerpo
camina bajo las banquetas de mis pasos,
en el silencio del grito explotado,
el abismo retumba, sangramos lóbulos
de besos pinchados, heridos, putrefactos
para que te reciba el hombre vuelto soliloquio
en el lecho del río donde mira el ahogado
Ver TI GO
no niegues los ojos que te crearon
la forma que compartimos bajo las sábanas
pero márchate, márchate
y que tu marcha se vuelva despedida perpetua
en la conciencia de Elías.

Referencias negras


I

Entre la razón y el deseo existe tu nombre,
escondo mis manos trepidantes
bajo el regazo azul para verte,
boca llena de silogismos como frutas
y el vértigo de la cima siempre alta
en el extremo oscuro de la azotea.
Entre la razón y el deseo creamos signos
el nombre de la rosa para explicarnos
del rosa porque roza la rosa.

II

Venir a casas para venirse y luego la espera
el baño hecho vapor en el espejo
que espera el rostro, las arrugas
las escamas de la mujer que mira
desdichas de lunas, de tacones carcomidos
tacones de trabajo negados del polvo
mientras un caracol escapa de la boca
y se despedaza al caer para sentirse bíblico.
Espera nueva de noche
en los cigarros manchados de carmín
autostop que no se anuncia
farolas apagadas de malagüero
y te vuelves sanguijuela flaca de la luna,
musgo en tibias paredes, guijarro soltero lejano
pululas calle abajo y te deshaces de tu piel
para fundirte con la sangre de los vencidos
noche triste bajo árboles insomnes
la morena caída en la batalla
nocturna.

III

“¿Recuerdas, recuerdas cuando logramos
clavar al primer jipi de la humanidad?
¿Recuerdas su cuerpo de flores y la pose
del dos en la mano? ¿Recuerdas su grito
mudo de freedom y el costado sangrando
licor? ¿Recuerdas, recuerdas los piojos
de la madre fumando canabis? ¿Recuerdas
la libertad que le dimos en el sudario?
¿Recuerdas la risa de la piedra yerta?
¿Recuerdas, recuerdas el mito de su voz?”

IV

Observamos con furor sus ojos
para no perdernos de noche
en el segundo muerto, pasado
pausado de los dedos guardados
y el violinista que ya no toca
impresión de cemento en la altura
en la bajura del no mirar fuerte,
rápido de la imagen que se escapa
agua entre camiones asesinos
del reptar de la anciana bajo las ruedas
bajo si misma, bajo que improvisa
el jazz de la existencia que desvanece
que perece y no fenece en la boca,
en los libros de hojas güeras
olvidados del dígito de la huella
del wey-ya porque te cansas
rodeado de zarigüeyas que crepitan
bajo los pies del caminante dormido
que no mira, que no entiende
el cemento inventado por las colillas
de las mujeres cargadas de ojos, de sonidos
raspados en la garganta y el humo
que se tose a escondidas del olor,
de los cristales y las miradas perdidas
en la noche alienada.

Infinito

I

Cargar la cruz en los hombros
del ajeno nombre, oxidar pasos
muñecas de cartón, pasar, pisar, pesar
el cielo gris y el látigo, dolor de escamas
sangrar verticales de piel, quebrar la roca
y el soñar de seguir, de presencia
en el sol, quemar, estar en el pie
nudillos de polvo gris, respirar seis
para escalar al cenit, crucificar la existencia
infinita del clavo.

II

Sólo necesito un pozo negro de estrellas
donde pueda mezclar tu presencia,
finita mujer descansando en fotografías
guardadas en un cajón,
pero necesito del abismo negro
para saber tu nombre de noches y olvidar
la conciencia contable bajo el agua opaca
y hallarte infinita en la no-palabra
de mi letra.

III

Y la calle que se prolonga por el miedo
con el miedo de pasos vigilantes,
me persigo entre edificios y te nombro
¡Oh sin nombre!
La conciencia que se olvida con el fuego
pecado divino entre cadenas
por darnos el sazón, el sabor amargo
a soledades largas, ojos cercenados
en el cristal humillante de la humedad
y paso bajo el umbral que negado
el INFINITO que esconde las manos
de la noche cleptómana entre pieles,
el metal que inventa danzas inversas
para el morbo que no es morbo
sino soledades de calles eternas
del perseguido que se persigue y se encuentra
mujer ajena enredada con piernas
de la luz neón y cervezas parpadeantes.

IV

El eterno termina donde comienza la voz
donde la palabra adquiere el poder
y ya no se nombra a si misma.

Cantos funebres

Pienso en aquel momento
que te miraba atenta
y parecías despierta
Oscar de la Borbolla,
Los sótanos de Babel

I

Somos la ventana rota por la mano del ladrón
el sexo descosido en las calles afiladas,
la punta del triangulo, suspendidos por azares
suspendidos por los otros, suspendidos, corridos
de la sacra institución.
Somos el codo que camina entre semáforos
las piernas rápidas de miedo
y el camión que pasa silbando es muss sein
a tu lado, a tu oído desafinado de mundo.
Somos el silencio del ataúd cerrado
del claustro donde descansan los santos huesos
san-huesos, sabuesos hambrientos de cuerpos
de dinero en sus manos azules
y la sorjuana verde que guiña el ojo a cualquiera.
Somos tu nostalgia de pies quemados
de edificios que esconden el sexo antiguo,
donde te ocultabas con sus labios, con sus senos
y se-nos olvidó el condón en el carro
y se-nos olvidó que venía el odiado
en nueve esperas.
Somos tu nombre y el de la tierra
el odio que advierte su redención.
Somos el amor y la muerte quieta.

II

Tus pechos se guardan en las esquinas quemadas
por la espera,
lento madrugar tras tus pasos
soy el perseguidor, el violador de tu presencia
a donde vayas
a donde tus senos apunten como dos flechas
firmes señalando un roble erguido.
Soy tu sombra en la ciudad
tu escape del mundo de tacones altos,
el mundo que ahorcas en cada hombre
en cada pene lleno de tu lengua,
y te espero a un brazo de distancia
con los ojos en mi mano
robando el fluir de tu saludo
tu presencia de orgasmos
tu vida de caminar a solas esperando
metal, humo, tacto, sabor
y yo que sólo te ofrezco la muerte.

III

Cuando dios no es más que una momia
escondida tras vitrinas en Guanajuato
la risa no llega a mi
¿cómo murió el juglar del mundo
empolvado con alquímicos maleficios?
¿cómo exhibir la tortuosa postura
del omnipotente que, finalmente,
si lo fue?

Es una falacia la omnipotencia,
dios no puede morir y ser exhibido
tras vitrinas en Guanajuato
ya que él, débil ser inmaterial,
no tiene el poder humano
de la muerte.

El cuerpo del fruto

I

Vuelvo al lugar común,
al instante en que se negó el paraíso
para sentir los pies sin cordones o cadenas,
al presente en que el alma pasó a ser concepto
encerrado en cavernas de mármol
en los ojos del que mira lento o camina
excitado por la mercadotecnia religiosa
de la cruz neón,
y no veo los caminos trazados por los primigenios,
no encuentro la manzana podrida y la cáscara
olvidada de las serpientes
del hombre en duda que repta.

II

Cuando la ausencia mira por la ventana encuentra ojos
cuerpos, sexos que desean su presencia
mas está allí, ausente con los ojos cristalizados
y las manos hechas vapor en el llanto.
Y la miramos cuando triste se aleja
cuando la ausencia se ausenta y se vuelve presente
por ausente.

III

Le temías al árbol, a sus raíces y al fruto que se inclinaba
sobre el lecho de la tierra
pero intentaste negarlo, pusiste una cerca a su presencia
y creías que por llenarte de barro los ojos y las manos
desaparecería en la noche inventada.
Te percataste del error y te volviste artista
te recreaste con tus manos y diste voluntad,
la tuya
cuando tu obra caminó, se reconoció
y sentiste que no moriría
pero temiste al árbol, no lo entendiste
y te justificaste en la serpiente, en la palabra nueva,
te retiraste triste cuando el ángel intentó
quemarte la túnica blanca, el silencio blanco que guardabas,
imagen gris te desvanecías
mas nunca temiste que encontráramos tus dientes
las marcas en la corteza roja
de la primera fruta escondida bajo el árbol,
apenas probada y la culpa entera
igualada a nuestro placer al acabarnos la segunda.

IV

Cuantificamos las palabras, los besos
el sexo
para definirnos occidentales, hijos del sol muriente.
Despertamos a oscuras por temor a la muerte
dejando caer el cántaro gris sobre la alfombra
de pies y ruidos formada.
Abrimos los ojos al gigante que mira,
no portamos lanzas ni estandartes,
nos escondemos bajo la piel sangrienta del cordero
negando haberlo desollado anoche
anoche cuando cerrabas los ojos para no mirarme
virgen prófuga del mármol
metamorfosis de palomas en falos humanos
y salimos a tientas del silencio
con el temor de ser masticados por el ciego,
dientes de metal que respetan la sangre ácida
en el umbral siempre
como ojo negro que ahuyenta las pestes, la furia
del exiliado de la conciencia,
del escondido bajo torres y pilares,
el negado por el mundo y la natura
encerrado en diccionarios nuevos, escolares.

De la ciudad y otros demonios

I

Camino porque me pierdo en las entrañas
en el silencio dormido de las bestias de silicio
plástico
metal carcomido por polillas invisibles
que volaron de nuestras manos
y perdieron el paraíso de la calma
tornándose uno en el ojo del cíclope
atento,
guardián cristalizado de las nubes
y ellos que besan sus pies en la sombra,
nunca llegaron soñolientas las mejillas,
las miradas bajas que rehuyen miradas
los cuerpos que se niegan
y los labios siempre cocidos con alambre,
beso de espera perpetua
noches ácidas, pardas,
afiladas en las banquetas
en la esquina de luciérnagas doradas
tacones altos
para los que ven tras lentes oscuros.

La sonrisa nos sonríe por ser sonrisa,
nos tragamos el pavimento y la línea amarilla
escondida, pegada a la uña del dragón paralítico
fauces que se abren y nos tragan por tragarnos
por tragar lo ajeno y lo nuestro
por negar nuestra antropofagia de la palabra
del deseo
y el amor nunca completo, sin sangre,
ritual corrompido, deshecho
vuelto pedazos
cristal afilado donde Edipo mira sin ojos
para no cambiar de nomenclatura;
Narciso espera en el borde inexistente de la laguna.

II

¿Eres tú de noche la de falda invisible
y los ojos todos en tus nalgas?
Camino para perderme en tus entrañas
en ellos que son mano-ojos
ojos-pene pene-manos
y las serpientes son cabellos del lugar común,
voltean su mano, piedra,
su pene, piedra,
sus ojos, cartón,
la ciudad es un bestiario de metal.

Alguien nos mira los pasos en lo alto
para que nuestras manos se aprieten
se inventen en el ajeno
y me dices que somos dicotomía
yo que soy espera húmeda
silencio de entrañas imaginándome
sobre tu cuerpo,
la mirada cala, calada al cigarro transparente,
a la huida continua para terminar serpenteando
cuando reptas en escombros o en las manos
de dioses disecados.

III

“¿Puedes verla? ¿Puedes verla?
Escupiendo lagrimas la mujer sentada
¿Puedes verla?
Mi cabeza aletea
¿Puedes verla?
Sus ojos se vuelven rosas rojas
y el aro de la cabeza se ilumina,
a lo lejos una mujer se levanta la blusa,
mi ser escupe, se excita, camina lejos
de la virgen que llora.”

IV

Quitad al ángel de la puerta
Con su espada flamígera
La tierra será el paraíso
Raúl Hernández Novás, Sobre el nido del Cuco

Asesinemos al ángel de frente impertérrita
¡Nos pertenece, nos pertenece!
gritaban las murallas de sus dientes
sus dedos todos afilados
amarillos por la bilis,
que deje su espada en el umbral,
que no espere los pasos apresurados
que huya lento
sin que dios se entere, sin que nosotros nos enteremos,
que abandone a su esposa, a su amante y a su favorita
la de tacones roídos,
la que esperaba de noche con la espada desenvainada
iluminando las esquinas
las membranas de semen que se tejían
u-n-a a u-n-a,
que pierda el paraíso y regrese al instinto,
mientras nosotros mezclamos el deseo y la razón
para poseernos ruidosos.

V

Existe la perfección
la perfección desequilibrada de los números
del cinco grabado en tus ojos con cincel
para que recuerdes las cornadas de tu cuerpo,
tu escape en pechos ajenos,
en voces diluidas en alcohol
y nos dejamos mareados
sordos
ciegos
en el mundo que calla en la calle,
pero no quieres caminar, te sumerges
y nadas, aleteas de dolor
mientras alguien finge no mirarnos
para poder mirarnos,
los ojos quietos de cinco veces,
fijos y pareces cartón sin pisadas
sin la nariz quebrada, sin besar sombras
o pasos que se anidan en los edificios,
pero terminas por besarlos
besas las sombras de los ya muertos y los
ya vivos
los pasos de la tierra y de la mujer frígida
que camina por placer,
por negarse a los ojos de los edificios
y fingir que no lo es, que no besas las sombras
o que no es un cíclope de cristal el que nos
mmmiiraa
detrás del poste, atacando con su handycam
para poseerte, seis, para poseerte y tragarte
antropofagia de la imagen
mas tus ojos quietos ya no quieren cambiar de número
y nos dejamos allí, sin palabras
con la mirada de cenizas donde una cruz
aparece l-e-n-t-a-m-e-n-t-e.